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Kalopsia

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Tan tóxico como el agua estancada de la fuente de tus promesas. Nocivo hasta decir basta, e imperturbable ante las quejas de un mundo que sigue sin entender tu necesidad de causar dolor por simple placer. Porque el que se complace de la tragedia, permíteme decirte, tiene un nombre: payaso. Y yo, que conquisto versos como quien juega a perseguir pompas de jabón, con la esperanza de algún día sostener una en las manos sin la necesidad de romperse, te vestí tan bonito en mi poesía que casi me lo creo. Y yo, que llevaba toda una vida vagando como un alma en pena por una existencia que dejaba mucho que desear a ojos de los demás, abandono la historia y, por supuesto, el guion de este amor. Porque, hazme caso: el amor verdadero no entiende de barreras. Y yo, fiel devota a mis emociones, practicante de sufrimiento, traficante de signos vitales, me hice querer tanto que no supiste qué hacer. Y desapareciste. Algún día vas a lamentar no haberte dado cuenta a tiempo de que el amor sa...

Gangrena

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Empezó como una manía. Solía morderme los labios cuando habría preferido gritar, e incluso llegué a amordazarme la boca para no darles el gusto de verme romperme. Solo quienes son capaces de apreciar el arte son merecedores de atisbar las ruinas, ¿sabíais? La manía se volvió obsesión, como la oruga se convierte en mariposa cuando le llega su hora; como el capullo está destinado a tomar la forma de la flor en algún momento. Siempre, con precedentes. Y en este caso, con motivos. Había matado tantos veranos en el vaivén de mis emociones que solo quedaba el recuerdo del último invierno: gélido y desolador. Me habría encantado poder decir que quien prometió quedarse lo hizo, pues no hay nada tan bonito como dominar el arte de cumplir lo escrito, pero sería incierto. A la cuenta de tres, estaba sola. A la cuenta de tres, entendí que contar había sido solo una distracción y que el cuentagotas desenmascaraba la avería. ¿Cómo pude pretender que no me abandonara si ni siquiera fue ca...

Morosis

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El amor de una relación termina cuando uno no quiere (querer). El otro, por su parte, se aferra a un sentimiento de pesar que no son sino los resquicios de un pacto sin precedentes, es decir, sin confirmar. Ella era la excusa de un cobarde para no arriesgarse por algo que sabe que va a doler. Ella no era el motivo, cielo. Era el bache que el perdedor señala para explicar por qué no alcanzó la meta. Y tú, más deseo, más terminal e inalcanzable que cualquiera de esas almas que juegan a las cartas como quien baraja con el destino, algún día lo entenderás. Morosis es tirar por la borda el timón al ver que se aproxima tempestad, pues esta da paso al arcoíris. Morosis es esperar que el destino sea el encargado de unir almas pertenecientes, cuando ni tan siquiera él es capaz de labrar su propio futuro. Morosis no fue perderte, fue no encontrar las agallas de buscarte. Hoy te acompaño en el funeral, porque nadie más se atreve a llorar la muerte de un amor. Y es que, verás:...

2019

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2019 ha sido un año lleno de sorpresas. A estas alturas, poco recuerdo de la persona que era cuando empezó, y mucho menos comprendo la que soy ahora. Siento que en tan solo un año he cambiado muchísimo más, y mucho más deprisa, que durante el resto de mi vida. Si bien comenzaba 2019 remarcando los cambios que había llevado a cabo durante el 2018, considero más importante rememorar todo lo que haya podido suceder en el transcurso de este año en esta ocasión. Superé una depresión, acepté que mi primer amor no iba a volver, me deshice de amistades tóxicas, suprimí comportamientos nocivos míos que podían afectar a quienes me rodeaban, cambié mi estilo de vida, mi forma de ver las cosas y mi entendimiento de las acciones de los demás. Ya no doy tanta importancia a cuestiones como la lealtad o la moralidad de los actos de la gente, pues no me incumbe. He aprendido a quererme y a estar a gusto conmigo misma, sin importar quién, cuándo, cómo ni dónde. La "sin morale...

Fika

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El amor volverá. Cuando menos me lo espere, acariciará mi rostro y me enseñará a bailar al compás. Aireará el vuelo de mis vestidos y soplará mis pestañas para hacerme ver con claridad. Despertará pasiones, pero mi corazón ya pertenecerá. Ese preciso día, no va a llover. Juro solemnemente que escribo en honor a todas esas niñas que hoy lloran, porque son conscientes de que mañana deben crecer. Y a los chicos que no pudieron conocer lágrima, les animo a verla caer. Que nadie, por mucho que insista, consiga que os quitéis la piel. Que la ropa es prenda, pero el alma es a granel. Susurrarán los corazones rotos que alguien les dé de comer, y yo sostendré todas vuestras manos mientras escuchamos este, nuestro último ballet. Hoy río porque ayer fui mar. Hoy sonrío porque reconozco que volveré a querer. Son tantas las noches que dediqué a recordar tus promesas que en intento me quedé. Y todas las farsas que sostuve entre las palmas de mis manos me obligaron a renacer. ...

Tacenda

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Hoy me he despertado como de un sueño. Sentía que alguien me gritaba al oído las mismas palabras constantemente: “pero limpiar otras habitaciones y ver tu jodido polvo me ha hecho querer volver a respirar”. Adivina, adivinanza. Bingo. Se trataba de mí. Imagino que mi malicia ha sido la encargada de hacer uso de la palabra “polvo” con doble connotación. Sobra decir que me dueles, porque este escrito no es más que otra excusa para llegar a ti. Ya lo sabes. Lo sé yo. Tú y yo íbamos a ser Bonnie y Clyde, siendo nuestro amor el mayor delito. Íbamos a acariciarnos las penas y a abrazarnos las alegrías. Rendiríamos culto a la luna cuando los demás durmieran y compartiríamos copa, también ropa, y ¿por qué no cama? Íbamos a ser ese vagón de tren en el que murió el hermano de la Pequeña Ladrona de Libros. Encarnábamos el final que Van Houten nunca se atrevió a escribir, quizá por saber que las conclusiones de las mejores historias no se relatan por miedo a cerrar el ciclo. Por med...

Chico Misterio

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Hay personas que aparecen por obra de arte, justo como si la vida quisiera hacer uno de sus trucos para así jugar con tu mente durante un tiempo, hasta dejarlos partir. Así es como lo conocí a él. Entre el tumulto de personas que se congregaron aquella noche, pude divisar una mirada que no revoloteaba entre la multitud, sino que desvestía verdades con simples parpadeos. Yo, obsesa del caos y adicta a la felicidad ajena, contemplé aquellos ojos que irradiaban soledad. Recuerdo haber dejado todos mis principios de lado por unas horas, pues su silencio hizo más mella en mí que todas las palabras que supe desde aquella madrugada que no diría a tiempo. Sin embargo, el riesgo de caer valía la pena si era él quien me esperaría para recogerme. En noches sueltas de un año con regusto a melocotón, dulce, pude descubrir más del chico Misterio que todos los que decían conocerlo. Y las noches eran nuestras. Y de ahora en adelante -que alguien ose llevarme la contraria-, siempre l...