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Solace

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Por todos ellos. A los que están y estuvieron. Pero, ante todo, por mí. Por seguir custodiando sus victorias, aunque sea alejada de las gradas. El Chico de Cuento tenía unos ojos tan claros que la misma savia parecía pigmentada a su lado. Asustaba a los realistas y aliviaba a los pesimistas. Era un cambio de tuercas tras la ruptura, la frescura de un oasis en medio del desierto. Tan idílico como trascendental para mí. Tan perfecto como idealizado. Y el que en otra vida fue, o será, el amor de mi vida. Simplemente, no en esta. La Niña de Labios de Fresa, siempre atenta a los más mínimos detalles. Siempre buscando conocer más. Tú y yo seremos siempre eternas. Porque acabo donde tú empiezas, y cedo todo el espacio que necesites para verte crecer. Porque ojalá te hubiera abrazado más fuerte, y me hubiera podido quedar a tu lado el tiempo que ambas queríamos. Algún día... algún día llegaremos a ser. Créeme, porque yo cumplo lo que prometo. Y te prometo que te buscaré. ...

Sphallolalia

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Te voy a escribir el poema más bonito porque, aquella tarde, tus ojos brillaban. Mis manos temblaban bajo los últimos rayos de sol de un invierno que anticipaba que la primavera escocería, y no por el pólen. Y tu sonrisa sembraba historias que siempre desearé haber recorrido con las yemas de mis dedos, mientras tu luz dejaba en penumbra a un universo entero. Te voy a escribir porque es lo que hago cuando me da por echar de menos, y te extraño. Y me extraña que no sea mutuo después de tanta compatibilidad. Que se pudra el horóscopo si es por ti. Cuando anocheció y tu silueta ya no se distinguía de la mía, tú también lo sentiste. Estoy segura. Y siento tener que admitirlo con tanta convicción por no hacerlo tú. Eres el refugio al que acudir cuando la realidad tantea con el miedo. La serendipia más conveniente en una vida que siempre corrió a contracorriente con lo que yo esperaba de ella. Fuiste la paz que me hizo descubrir que, hasta entonces, no había sido suficiente. ...

Alani

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Las gotas del grifo retumban en la bañera. La tubería está atascada y el agua que se encharca me recuerda a las historias que nunca alcanzaron su nudo porque nadie se atrevió a aportar la cuerda (que solo es floja cuando uno no quiere). Hubo una sonrisa capaz de desvestir las dudas al mostrar un travieso hoyuelo. Se desnudó el alma y, frío el sentimiento, comenzó a recitar. Hacía tiempo que sus manos no temblaban como lo hicieron aquella vez. "Fue conexión instantánea" explicaba a la par que dejaba escapar un resoplido mientras seguía escribiendo en las entrañas de aquel bar. Nunca se le había visto tan atareada por aquellos lares, como un sueño que luchaba a contracorriente con el deseo de ser cumplido. Nunca tan guapa, con mechones que escapaban de su coleta y suspiros que los apartaban como las brisas primaverales tienden a hacerlo con las margaritas. Algo de aquella noche de finales de invierno ardía en todos los que allí nos encontrábamos más que la foga...

SOS

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Ahora lo entiendo. No importa lo que haga, pues siempre seré la piedra del zapato, la arena entre los dedos que todos buscan desechar. No importa si doy todo de mí, ni si me quedo donde nadie más se atrevió a entrar. Ahora lo entiendo. Estoy tan rota que nadie querrá tocarme por miedo a que corte. Y corto, pero una vez sané. O eso quise creer. No solo a mí misma, sino que también me atreví a formar sonrisas en labios ajenos. Así es que sigo buscando una señal en un rostro que poco tenga que ver con el mío de aprobación. Pero no entiendo por qué nadie dará lo que yo. Por qué no soy suficiente a pesar de que muchos me hayan acusado en el transcurso de mi vida de haber alcanzado la perfección. El cielo sabe que yo solo quise hacerlos feliz. Ayer sonrisa, hoy lagrimal. Temblando. Y escalofrío que termina por congelar. Y no entiendo. De verdad, explícamelo. ¿Qué está mal conmigo, que habiéndome esforzado por ser satélite, solo me cruzo con fugaces? Que algu...

Kalopsia

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Tan tóxico como el agua estancada de la fuente de tus promesas. Nocivo hasta decir basta, e imperturbable ante las quejas de un mundo que sigue sin entender tu necesidad de causar dolor por simple placer. Porque el que se complace de la tragedia, permíteme decirte, tiene un nombre: payaso. Y yo, que conquisto versos como quien juega a perseguir pompas de jabón, con la esperanza de algún día sostener una en las manos sin la necesidad de romperse, te vestí tan bonito en mi poesía que casi me lo creo. Y yo, que llevaba toda una vida vagando como un alma en pena por una existencia que dejaba mucho que desear a ojos de los demás, abandono la historia y, por supuesto, el guion de este amor. Porque, hazme caso: el amor verdadero no entiende de barreras. Y yo, fiel devota a mis emociones, practicante de sufrimiento, traficante de signos vitales, me hice querer tanto que no supiste qué hacer. Y desapareciste. Algún día vas a lamentar no haberte dado cuenta a tiempo de que el amor sa...

Gangrena

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Empezó como una manía. Solía morderme los labios cuando habría preferido gritar, e incluso llegué a amordazarme la boca para no darles el gusto de verme romperme. Solo quienes son capaces de apreciar el arte son merecedores de atisbar las ruinas, ¿sabíais? La manía se volvió obsesión, como la oruga se convierte en mariposa cuando le llega su hora; como el capullo está destinado a tomar la forma de la flor en algún momento. Siempre, con precedentes. Y en este caso, con motivos. Había matado tantos veranos en el vaivén de mis emociones que solo quedaba el recuerdo del último invierno: gélido y desolador. Me habría encantado poder decir que quien prometió quedarse lo hizo, pues no hay nada tan bonito como dominar el arte de cumplir lo escrito, pero sería incierto. A la cuenta de tres, estaba sola. A la cuenta de tres, entendí que contar había sido solo una distracción y que el cuentagotas desenmascaraba la avería. ¿Cómo pude pretender que no me abandonara si ni siquiera fue ca...

Morosis

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El amor de una relación termina cuando uno no quiere (querer). El otro, por su parte, se aferra a un sentimiento de pesar que no son sino los resquicios de un pacto sin precedentes, es decir, sin confirmar. Ella era la excusa de un cobarde para no arriesgarse por algo que sabe que va a doler. Ella no era el motivo, cielo. Era el bache que el perdedor señala para explicar por qué no alcanzó la meta. Y tú, más deseo, más terminal e inalcanzable que cualquiera de esas almas que juegan a las cartas como quien baraja con el destino, algún día lo entenderás. Morosis es tirar por la borda el timón al ver que se aproxima tempestad, pues esta da paso al arcoíris. Morosis es esperar que el destino sea el encargado de unir almas pertenecientes, cuando ni tan siquiera él es capaz de labrar su propio futuro. Morosis no fue perderte, fue no encontrar las agallas de buscarte. Hoy te acompaño en el funeral, porque nadie más se atreve a llorar la muerte de un amor. Y es que, verás:...